A la hora de dejar la casa impecable (y de acabar con cualquier posible foco bacteriano) parece que todo vale. Pero no. Los productos que se utilizan para mantener a raya la suciedad están fabricados con químicos que, mal utilizados pueden llegar a ocasionar daños materiales y, lo que es más importante, en la salud del que limpia.
Lejía y amoniaco. Cuando ambos líquidos entran en contacto se forman vapores que pueden dañar severamente el sistema respiratorio, ya que producen una sustancia tóxica e inflamable de la que conviene estar alejados.
Lejía y vinagre. Aunque no es la mezcla habitual, ambos son potentes limpiadores y desinfectadores, por lo que, es posible que a más de uno se le pueda ocurrir mezclarlos en una palangana. Al hacerlo, se producen vapores tóxicos que pueden irritar los ojos y afectar a la respiración. En definitiva, lo mejor es que la lejía no se mezcle con ningún otro producto de limpieza.
Vinagre con bicarbonato de sodio. Lo que ocurre cuando se mezclan ambos productos es, por un lado, neutralizar el efecto limpiador de ambos y, por el otro, explosionar si se mezclan en un bote cerrado. 
Vinagre y agua oxigenada. Es cierto que el ácido paracético formado al mezclar dichos productos se utiliza en la industria como desinfectante, pero hacerlo en casa no es una buena idea. Puede ocasionar picor de ojos y dañar la nariz, la garganta, los pulmones y la piel. 
Productos de limpieza de diferentes marcas, aunque 'a priori' parezcan lo mismo. Las marcas de los diferentes productos de limpieza utilizan formulas personales que las hacen incompatibles con la competencia. Así que, si te queda un poco de amoniaco de una marca y tienes una botella nueva de otra marca, no lo mezcles. Es mejor trabajar dos veces que generar una reacción química potencialmente peligrosa. 
image-1030079-_limpieza_d5602fab.jpg
Productos de limpieza
Mucha atención a los productos de limpieza que utilizamos